Opinión

Aquí estamos, una comunicación para vencer Proceso de Liberación de la Madre Tierra

15 minutos

Publicación: Revista Sin Azare 2022
Autoría: Omar Pacheco

La luz del sol comienza a alumbrar el inmenso paisaje artificial de caña. Se escuchan los silbidos de los pájaros, los zumbidos de los insectos y el siseo de las serpientes que andan por entre el monocultivo. Se oyen también los motores de las motos y el caucho de las botas tronar contra el suelo terroso. Más adentro, se alcanzan a percibir los cortes de la macheta, un olor a quemado dulzón y se ve un humo negruzco que produce la quema de la caña. 

Entre el plantío se perciben voces, risas y melodías, son los Nasa, pueblo originario del norte del Cauca, hacen parte del proceso de Liberación de la Madre Tierra y están en minga de corte, su contribución para liberar a la Madre Tierra de la esclavización del capital. Con el corazón y las manos en la tierra, abrimos horizonte y echamos raíz, cuenta una comunera.  

En su lucha milenaria lxs nasa han involucrado la comunicación propia, entendida de manera amplia, la comunicación para los pueblos originarios es la conexión de todo lo que existe. Como tejido entre todos los seres, menciona una liberadora.

Dora Muñoz, investigadora nasa, en su trabajo Puutx We’wnxi Uma Kiwe comunicación desde la Madre Tierra, menciona que, desde los diversos contextos, territoriales locales y externos se hace necesario entender que para los pueblos indígenas y entre ellos el pueblo Nasa, la comunicación es esencial, permanente y presente en todos los espacios de vida, relación y pervivencia. 

Al estar presente en todas sus dinámicas de vida, la comunicación propia pasa a ser praxis en la lucha del proceso de Liberación, transformando con ella su realidad. Sus reflexiones las comparten por medio de encuentros con otros procesos sociales y políticos, que ven en su lucha una manera de enfrentar al capitalismo. 

Un día decidimos volver a recuperar tierras, dice una  liberadora. Recuerda que lo han hecho siempre, pero de manera continua desde el 14 de diciembre de 2014, cuando un grupo de comunrxs sin más título que los 476 años de andar arisco y miles de años de memoría silvestre, entramos en cuatro fincas, dos de ellas de Incauca, propiedad de Carlos Ardila Lülle

Se permiten conectar todas las formas de vida, escucharlas y así mismo relacionarse con ellas para poder involucrar la comunicación y a las demás formas de vida a su lucha. En las fincas en proceso de liberación todo comunica, algunos mensajes logramos captarlos. El canto del pájaro nos dice cuándo hay peligro, solo por poner un ejemplo; por los radios de comunicación transmitimos las alertas; por la web y facebook enviamos noticias y comunicados. Tratamos de que todo tenga sentido, que nuestra palabra que enviamos por estos medios modernos represente un poquito de lo que vivimos en las tierras que estamos liberando, comenta una comunera. 

Experiencias como éstas, años atrás, fueron truncadas por el paramilitarismo en contubernio con la fuerza pública y terratenientes. El 16 de diciembre de 1991, meses después de que la Constitución les reconociera derechos a los pueblos originarios, en el marco de la recuperación de la Hacienda El Nilo, paramilitares y miembros de la Policía Nacional, asesinaron a 21 recuperadores de tierra. El hecho se conoce como la Masacre del Nilo.

Luego, el 2 de septiembre de 2005, intentaron recuperar La Emperatriz, finca en la que se planeó y se inició la operación de la masacre del Nilo, pero no lo lograron. Sin embargo, negociaron con el gobierno de Alvaro Uribe y el Estado se comprometió a reconocerles 15 mil 663 hectáreas. Pasaron veinte años. Las 15 mil hectáreas ya nos fueron entregadas, pero la comunidad está pendiente de la reparación integral, que haya un reconocimiento del daño que sufrimos, explica Feliciano Valencia en entrevista con el medio Verdad Abierta. 

Para dar cuenta de lo que hacen como proceso y generar debates sobre las formas de colonización han organizado mingas de comunicación y encuentros internacionales con diferentes procesos que buscan la transformación desde la autonomía alimentaría, la comunicación política, la pedagogía popular, el territorio, el uso de las tecnologías y la cultura. 

Los encuentros que convocamos llevan por dentro una convicción y es que no es posible sanar la Madre Tierra solo nosotros y nosotras como Proceso de liberación. Estos encuentros han sido importantes para conocernos como luchas, para juntar fuerzas, para apoyar los sueños que tenemos, cuenta una liberadora. Agrega, algo logramos en uno y otro propósito, no logramos más porque la mayor parte del tiempo se nos va en cuidarnos de los ataques del estado colombiano y la agroindustria cañera.

Muchos de los parches con los que se articulan trabajan en procesos populares en barrios periféricos de las ciudades. Desde el 2014, el Proceso de Liberación de la Madre Tierra ha realizado cinco Marchas de la Comida, visitamos las ciudades para llevar un mensaje envuelto en un montón de revuelto [comida]. Han estado en Bogotá, Cali, Manizales, Bucaramanga y Medellín; durante la pandemia compartieron de sus cosechas con barrios populares de Cali y visitaron los puntos de concentración durante el Paro Nacional del 2021.

A su modo, utilizan Facebook y Twitter para contar lo que vamos haciendo, los frutos del proceso de liberación, dice una liberadora. Utilizamos las redes y la comunicación como una herramienta para contar lo que somos como pueblos, visibilizar la agresión y al mismo tiempo la alternativa que se teje desde las comunidades, y relacionarnos entre nosotros y con otros pueblos y procesos, menciona Dora Muñoz en su investigación Comunicación desde la Madre Tierra.

Otras formas que emplean como Proceso de Liberación de la Madre Tierra es la realización de programas de radio, registro fotográfico de lo que hacen en su quehacer, ilustran imágenes para sus redes y para las camisetas, y comparten sus pensamientos y miradas en libros que publican en su Editorial Punto de Liberación. 

Visibilizar no solo para existir en el radar o ser vigentes, como diría cierta concepción mediática, sino para llevar la palabra de un proceso que no renuncia a la lucha directa, que es rebelde y resiste hasta ahora muchos intentos de integración al sistema, afirma un comunero.

Fotografía tomada durante una minga de siembra en la Hacienda Vista Hermosa en el 2016. Créditos: Rebeldía Contrainformativa.

Las y los comuneros de la Liberación son herederas de La Gaitana, de Manuel Quintín Lame y de todas las personas nasa asesinadas en las diferentes masacres con las que han intentado apagar su lucha por la recuperación de lo que les robaron a sus ancestros y por liberar a la Madre Tierra del extractivismo. Vivimos porque no nos rendimos. La fuerza de los planes de vida nos alcanzó para caminar largas zancadas hacía la autonomía, así lo relatan en su publicación Libertad y alegría con Uma Kiwe.  

Una de las razones de su lucha es recuperar la tierra del monocultivo de caña, el cual ha generado graves efectos sociales, ambientales, culturales, económicos y políticos en la región, como lo asegura Germán Ayala, magíster en Estudios Políticos y candidato a doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente en su investigación. 

Hoy, según Vorágine en su publicación Los dueños de la azúcar, existen cerca de 250 mil hectáreas sembradas de caña en el valle del río Cauca. Esto equivale al 90 % del área cultivable. De acuerdo a la publicación Sencillamente nasas, la caña ocupa aproximadamente 330 mil hectáreas de suelo y gasta unos 25 millones de litros de agua [tanto superficiales como subterráneas] por segundo para mantenerla. 

En la publicación de Vorágine citan la investigación del economista Mario Pérez y la politóloga e investigadora Paula Alvarez , La deuda social y ambiental de la caña en Colombia.  En ella, los autores insisten que el poder de la región del Valle aún lo ostentan unas pocas familias tradicionales, que tienen raíces españolas, los Garcés, los Lloreda, los Caicedo, todos dueños de ingenios azucareros, se beneficiaron del proceso de distribución de tierras que hubo en la colonia.

La colonización española, que llegó a esta región en 1535, trajo destierro, esclavitud, el genocidio y espistemicidio para todas las comunidades originarias que ya poblaban estas tierras. Un día nos acostamos nasa y [y al otro día] amanecimos indios, pecadores, sin alma, desnudos, pobres, mitayos, encomendados, mano de obra, así lo refieren en su libro Sencillamente nasas, de su Editorial Punto de Liberación.

El estar tan apegados a su historia les ha permitido tener claridad sobre las distintas formas en las que el colonialismo, del que deviene el racismo y las opresiones por clase y género, ha operado con el Estado y las clases dominantes para despojarlos de sus tierras y su cultura. Para compartir lo anterior han utilizado la comunicación propia, una herramienta para establecer canales y visibilizar sus orientaciones como pueblo originario, generar tejido con todas las formas de vida y contar su historia, esa que ha sido negada.  

Todo lo comunicativo que hacen en el Proceso de Liberación no tiene significado sino se articula con la práctica transformadora de su realidad, con los ejercicios de corte de caña, asambleas, movilizaciones, rituales… Para que la comunicación les sirva a los procesos debe encaminarse a fortalecer la conciencia para seguir resistiendo pacíficamente desde el territorio y seguir siendo instrumentos de comunicación político-estratégicas, que caminan la palabra de la conciencia colectiva en defensa de la vida y el cuidado de la Madre Tierra. 

Fotografía tomada durante una confrontación entre recuperadores y la fuerza pública. Créditos: Rebeldía Contrainformativa.


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