Opinión

La campaña del NO

10 minutos

Publicación: 2 de Octubre de 2017

Autoría: Teusaradio


“Corrió solo y llegó segundo”, tituló en primera plana el diario Fortín Mapocho, después del triunfo del NO en el Plebiscito del 5 de octubre de 1988 en Chile. Las dos campañas del NO, tanto la Chilena en contra de la continuación de Pinochet en el ejecutivo, como la del NO en contra del Acuerdo de Paz en Colombia, tienen algo en común: ambas triunfaron, con sus matices, contra todo pronóstico.

El resultado del Plebiscito, celebrado hace exactamente un año en Colombia, para refrendar el acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, más que ser inesperado, suscitó los más diversos debates en torno a este mecanismo de refrendación popular. Los esfuerzos de la gran mayoría de los sectores políticos del país, con el beneplácito de los medios masivos de comunicación tradicionales, los cuales no dudaron en apoyar abiertamente la opción del ‘SÍ’, no bastaron para asegurar su triunfo en las urnas.

A partir del momento en el que el presidente Juan Manuel Santos convocó elecciones, mediante el decreto 1391 del 30 de agosto de 2016, empezó una de las campañas más agitadas en la historia reciente del país, en la que el voto de opinión tendría más importancia, pues, estaban en juego intereses más abstractos y generales que los que se superponen en campañas tradicionales como las presidenciales, parlamentarias y regionales.

La entrevista otorgada por Juan Carlos Vélez, jefe de campaña de uno de los comités del NO, al diario La República, devela la estrategia mediática que emprendieron a partir del posicionamiento de consignas como las del ‘castrochavismo’, ‘la ideología de género’, ‘la impunidad total‘, ‘paz si, pero NO así’, ‘Curules gratis a terroristas y cometedores de crímenes de lesa humanidad’, entre otras.

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En la sociedad de la era digital, dominada por la instantaneidad y la producción masiva de imágenes, las redes sociales se constituyeron en un nuevo escenario de disputa en términos de la producción simbólica. Escenario que sin duda el NO supo sortear con audacia.

Durante los ocho años gobierno de Álvaro Uribe, se construyó un discurso con el objetivo de crear un enemigo interno. Acusaciones, por ejemplo, contra el ex ministro de Defensa Rafael Pardo de ser aliado de las FARC, en contra de León Valencia y Gustavo Petro, catalogándolos como guerrilleros vestidos de civil, o la peligrosa acusación contra la organización Colombianos y Colombiana por la Paz, en el año 2009, al tildarlos como el bloque intelectual de las FARC, fueron recurrentes en la administración de Uribe.

Esa lógica polarizante se alimentó con la complicidad de los medios masivos de comunicación (paradójicamente, lógica que dichos medios intentaron revertir durante los años de proceso de paz, con muy poco éxito). Hubo una exagerada mediatización de los crímenes  y víctimas de las FARC, invisibilizando, por ejemplo, los más de cuatro millones de desplazados, las cerca de 30.000 víctimas de los paramilitares y los mismos falsos positivos perpetrados por el Ejército colombiano.

En una entrevista del año 2010, Ricardo Sanín, periodista de Semana, le preguntó a Christophe Beney (director entonces del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia) acerca de la invisibilización de 40.000 víctimas de desaparición. Christophe respondió: “porque no se han legitimado a estas víctimas, las únicas víctimas legitimadas por los medios de comunicación son los detenidos por las FARC. Los civiles de las zonas conflictivas no existen porque no hay imágenes de ellos”.

Existió por tanto una significación en donde la Paz era conseguible solo a partir de la derrota militar de las FARC. El gobierno de Santos intentó, infructuosamente, revertir la significación de Paz, alcanzable ahora por medio del diálogo. En ese sentido, es claro que el resultado del dos de octubre obedece a la herencia discursiva, de ocho años en el gobierno de Uribe, para posicionar a las FARC como el enemigo número uno de Colombia.

Un año después del plebiscito, con las FARC desmovilizadas y desarmadas, con la “Jurisdicción Especial Para la Paz” en proceso de constitución, y ad portas de unas elecciones presidenciales en las cuales se definirán el futuro de los acuerdos, es menester que en el debate electoral el centro sean los territorios y las víctimas. No la eterna satanización de solo uno de los actores del conflicto armado en Colombia.

Resultados del Plebiscito del 2 de octubre de 2016. Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil.


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