Opinión

El cuidado: la desigualdad en las labores que sostienen la sociedad

10 minutos de lectura

Autoría: Laura Ruíz

Publicación: 16 julio 2023

Siempre hemos estado rodeados de personas que nos cuidan, desde esa abuela que cuidó de nosotros para apoyar a nuestra madre que debía buscar el sustento económico, hasta esa tía que nos enseñó a leer, nos llevó a la escuela, o se quedó con nosotros para hacer las tareas. Mi tía, por ejemplo, es una mujer cuidadora quien ha dedicado parte de su vida al cuidado de los otros, desde adultos mayores hasta niños pequeños. 

Hace doce años, mi tía se fue a vivir con mi abuelito, un adulto mayor de 80 años, quien al morir mi abuelita, ella se dedicó exclusivamente a sus cuidados. En su día a día era ella quien se encargaba de las labores del hogar: cocinar el almuerzo, limpiar, organizar, lavar la ropa, hacer el mercado, atender a las personas que lo visitaban, acompañarlo a sus citas médicas, estar pendiente de sus medicamentos, hacer las onces, acompañarlo en el día, entre otros. 

—Mi historia como cuidadora comienza con mi padre. Comencé a cuidarlo hace más o menos 12 años, no fue fácil al principio porque no tenía mucha experiencia, pero con el tiempo aprendí a escucharlo, a tenerle paciencia, a darle amor y dedicarme a él. En nuestra casa somos siete hermanos, así que ellos venían a visitarlo los fines de semana para que yo pudiera descansar, pero creo que esos son acuerdos que se deben establecer con la familia. En ese tiempo aprendí mucho y fui cogiendo mucha experiencia en el cuidado— cuenta Nubia Ruiz. 

Luego de doce años de trabajar junto a personas mayores, Nubia adquiere otro trabajo, esta vez con el cuidado de niños. Junto con su hija establecen el acuerdo de apoyarla en las labores de cuidar a su nieto recién nacido, mientras ellos, como padres, se rebuscan el sustento diario. 

—Con el cuidado de mi nieto comencé hace cinco años. Allí me di cuenta que es muy diferente el cuidado de un bebé, al principio me dedicaba a mimarlo, darle su comidita. Aunque empecé a notar que ahora podía dedicarle mucho más tiempo a él, que el que pude compartir con mis hijas, ya que en ese momento debía buscar otros trabajos y no contaba con el tiempo. Ahora siento que tengo mucha más experiencia y habilidad, me gusta mucho compartir con mi nieto y verlo crecer, hemos compartido muchas cosas juntos, desde verlo caminar, hasta reír con sus travesuras, volver a repasar el abecedario, armar un rompecabezas, jugar— relata. 

Mientras escucho a mi tía en su relato reflexiono sobre la importancia de las labores del cuidado en la sociedad, y también en buscar diferentes redes de apoyo para que este trabajo no sea desequilibrado o se recargue en una sola persona. Son muchas las familias que deben acudir a otras personas para el apoyo con el cuidado de sus hijos, mientras se busca el sustento económico, que en la mayoría de los casos requiere salir al trabajo en jornadas de 8 horas o más, sin contar los tiempos de desplazamiento. 

—Un día en mi cotidianidad empieza a las 6 de la mañana. Me levanto para alistar al pequeñito para ir al jardín, le doy su desayuno, le arreglo todo, y mientras él está en su estudio, organizo y limpio la casa, y estoy pendiente para recibirlo cuando llegue. Luego le doy su almuercito, lo consiento, duerme un ratico, hacemos tareas juntos, compartimos, y como a las 6:30 de la tarde ya le estoy preparando su comidita,  y esa es mi rutina diaria. 

Escuchar el relato de mi tía, me permitió reconocer el valor del trabajo y el esfuerzo que realizan gran parte de las mujeres que hacen parte de mi vida. Estos trabajos, que durante mucho tiempo no fueron reconocidos desde la labor tan importante como lo es el resguardo de la vida, pero que sin duda, es necesario visibilizar su función en la sociedad, y brindar las garantías laborales y económicas justas para las personas que se dedican al cuidado. 

Pensar en que estas labores deben tener una remuneración, porque es un trabajo que requiere de un esfuerzo físico, mental y unos saberes y habilidades que se adquieren con la experiencia, y que el tiempo de trabajo es casi el mismo, o incluso más, que el de la jornada laboral establecida. Además de la necesidad de hacer una distribución justa en las labores del cuidado en las que existan verdaderas redes de apoyo, y no exista una sobrecarga excesiva a una parte de la sociedad, en su gran mayoría mujeres, que no les permita desarrollarse en otros ámbitos de la vida social y pública. 

El trabajo del cuidado en Colombia 

En nuestra sociedad todas las personas necesitan ser cuidadas o ser cuidadoras en algún momento de su vida: desde que somos niños; tenemos algún ser querido con alguna enfermedad; conocemos a una persona en una situación vulnerable; vemos que nuestros abuelos requieren apoyo para caminar; tenemos una amiga embarazada que necesita descansar; hasta alimentar a un perrito en la calle. 

La economía del cuidado, según lo explica la Mesa Intersectorial de la Economía del Cuidado, consiste en todas aquellas actividades y prácticas que son necesarias para la supervivencia cotidiana de las personas. Todas estas prácticas incluyen: cocinar, limpiar, hacer el mercado, atender a personas que lo requieren, buscar la provisión de alimentos, atención médica, acompañar, entre muchas otras. Lo anterior se conoce como trabajo de cuidado, y es necesaria para el sostenimiento y cuidado de la vida y el bien común. 

Sin embargo, durante mucho tiempo, y aún en la actualidad, todas estas labores que requieren de un esfuerzo físico y mental, no son reconocidas como un trabajo. Hoy en día, en muchos lugares del mundo, vemos cómo gran parte de las personas que se dedican al cuidado, no reciben una remuneración por dichos oficios, quienes en su mayoría corresponden a mujeres y niñas. 

Para ver esto con mayor atención, podemos destacar algunos datos que muestran la desigualdad en la división del trabajo. Según el último informe de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (2020-2021) se estableció que las mujeres dedican en promedio 7 horas y 44 minutos diarios al trabajo de cuidado no remunerado, lo que equivale casi al mismo tiempo de jornada laboral; y representa más del doble que los hombres que invierten a estos mismo trabajos alrededor de 3 horas y 25 minutos. 

Estos mismos datos indican que para el 2020 en Colombia hubo un aumento en las personas que se dedican exclusivamente a los trabajos de cuidado sin remuneración, esto pasó de 891.000 a 1,4 millones de personas, de las cuales 1’163.216 son mujeres. Es decir que el 84% de personas que se dedican a las labores del cuidado son mujeres y no reciben una retribución económica por este trabajo. 

Otro dato significativo que nos muestra el informe es la distinción entre las poblaciones rurales en el que la participación de las mujeres en el trabajo no remunerado corresponde al 93,0%, diferente a las cabeceras municipales donde hay una participación del 89,6%. Esto nos indica que hay un mayor grado de desigualdad en la participación de los trabajos domésticos y de cuidado no remunerados en las áreas rurales que en las urbanas. 

Esta distribución desigual del trabajo ocasiona que sigan existiendo barreras profundas para las mujeres: quienes deben enfrentarse a condiciones precarias de trabajo, ocupar la informalidad laboral, y así mismo, reduce las posibilidades de alcanzar su autonomía económica u ocupar lugares en la vida pública y comunitaria. 

¿Por qué las labores del cuidado sostienen la economía? 

Al investigar sobre las labores del cuidado y todo lo que gira a su alrededor, me encontré con el texto de  Economía feminista y economía del cuidado. Aportes conceptuales para el estudio de la desigualdad, en él encontré ideas clave que me permitieron comprender algunos aspectos que influyen en las  desigualdades de nuestra sociedad. Para comenzar la autora empieza a definir el concepto de la economía feminista como esta corriente de pensamiento que busca denunciar y visibilizar las desigualdades de género dentro del mercado laboral y la economía. Desde allí se empieza a enunciar cómo desde la teoría clásica económica no se han tenido en cuenta aspectos fundamentales que sostienen el sistema económico capitalista. Si bien desde la teoría marxista se han analizado algunos puntos como la explotación laboral, y la acumulación del capital; no se ha analizado que sostener esa fuerza de trabajo implica otros tipos de explotación como el trabajo doméstico no remunerado. 

La mirada de la economía feminista nos permite ver la necesidad de hablar de la participación económica de las mujeres, y los diferentes mecanismos de discrimincación en el mercado laboral: desde las brechas en los ingresos laborales; la precariedad laboral y la desprotección social; y la falta de reconocimiento sobre el rol del trabajo doméstico no remunerado. 

Desde esta perspectiva podemos resaltar y visibilizar la importancia de las labores domésticas y de cuidado como una de las fuerzas que sostienen la economía y la sociedad, y en ese sentido denunciar el estado desigual en el que aún se encuentra estructurado. Resaltar que las labores del cuidado no le pertenecen exclusivamente a las mujeres; sino, al contrario, le corresponde a los diferentes sectores de la sociedad: al Estado, al Mercado, los hogares,  y a toda la comunidad. 

Es por eso que es necesario no solo implementar diferentes políticas públicas en las que se defienda la participación laboral de las mujeres, sino también que exista una distribución equitativa en las labores del cuidado en los diferentes sectores de la sociedad. Y así mismo, es vital desmontar la idea de que las mujeres son cuidadoras por naturaleza, sino entender que el cuidado es algo que nos corresponde a todos: tanto a hombres y mujeres, como a las entidades públicas, el mercado, y la comunidad en general.

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