Opinión

El periodismo feminista no deja de ser periodismo por mirar con los ojos del feminismo. Gabriela Wiener.

10 minutos de Lectura

Publicación: 15 de Agosto 2023

Autoría: Laura Repizo

En las últimas décadas el feminismo como movimiento social y pensamiento crítico ha hecho importantes aportes a procesos de deconstrucción y confrontación con los saberes y poderes hegemónicos, al constituirse desde su surgimiento como un espacio de resistencias, de prácticas cuestionadoras, y de alternativas éticas a los modelos dominantes. 

Según Hélen Álvarez, periodista de la Radio Feminista de Bolivia, el periodismo feminista nace para interpelar las bases mismas del sistema patriarcal, y sus manifestaciones en todos los aspectos de la vida […] contar las diversas historias de las mujeres, incluirlas en las agendas mediáticas. Y de dejar de contar únicamente la historia de la mujer víctima. Hacer periodismo feminista permite, entre otras cosas, plasmar la información de manera más detallada y completa. 

Ante los ojos del periodismo más académico y ortodoxo, el periodismo feminista dista de ser periodismo y es una forma de activismo por no cumplir con los estándares de objetividad, pero, ¿se puede informar con supuesta objetividad cuando vivimos en medio de un sistema opresor y patriarcal que no solo revictimiza sino que ignora al cincuenta porciento de la población? Hasta en los medios más reconocidos, la neutralidad ha estado sujeta a decisiones, poderes económicos, políticos e intereses de los grupos periodísticos dirigidos tradicionalmente por hombres apegados a una cultura patriarcal.

Parte del trabajo de una periodista de este tipo es luchar por despatriarcalizarlos, limpiar de discriminación su espacio de trabajo, cambiar las prácticas del oficio, ampliar las coberturas, diversificar los puntos de vista en la información. El periodismo no es, como suele decirse ingenuamente, un mero espejo de la realidad, porque el periodismo se hace desde un punto de vista determinado, crea la realidad, orienta la mirada, forja opinión. Y el periodismo feminista no deja de ser periodismo por mirar con los ojos del feminismo

Pie de foto: Movilización 8M del 2021.Créditos:  Nicole Fernández @nicolf

Desde hace un par de décadas, han existido diversas maneras en que las mujeres del mundo se han ingeniado las formas de hacer periodismo feminista, sí, porque claramente no es algo que esté dado, las mujeres siempre han tenido que guerrearse los espacios, en la educación, la política, la vida pública, y por su puesto en el periodismo. 

Según Sandra Chaher y Virginia Pedraza en su libro Organizaciones de medios y género, en Latinoamérica las periodistas: son responsables de los temas ‘menos relevantes’ para la agenda mediática y aquellos vinculados a lo que se considera la temática “femenina”: cultura, sociedad, salud, educación, es decir, áreas laborales que serían extensiones de las tareas reproductivas que las mujeres tradicionalmente han realizado sin paga en la sociedad. Y, también, obviamente, son quienes llevan la ‘agenda de género’. 

A partir de esta realidad, hay quienes luchan por montar su propio medio y trabajar en sus apuestas periodísticas sin censura, contando de frente lo que quieren decir, con claridad y rigor. También hay quienes deciden trabajar en los medios tradicionales y hackear el sistema desde adentro, evitando que se reproduzcan masivamente mensajes heteronormativos, proponiendo temáticas y discusiones que aporten a la construcción de una sociedad más equitativa. 

La visibilización mediática de los asuntos de género también ha sido una aliada inmensa para la incidencia política, traer estas discusiones a la agenda pública colombiana ha permitido avanzar en la protección de los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTIQ+, se han creado leyes como la 1257 del 2008 en contra de las Violencias Basadas en Género, la ley Rosa Elvira Cely que logra tipificar el feminicidio como un delito, la sentencia C-055-22 que reconoce la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) hasta la semana 24, el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor de Jineth Bedoya y en contra del estado colombiano, una reparación colectiva dirigida a mujeres periodistas, entre otras tantas. Claro, hay que reconocer que aunque son grandes avances, en muchas ocasiones las leyes quedan en el papel, no obstante las luchas feministas insisten en su cumplimiento en el contexto de una justicia patriarcal. 

Un caso relevante: la revista Volcánicas con el reportaje Ocho Denuncias de Acoso y Abuso Sexual contra Ciro Guerra, que visibilizó y denunció las VBG que vivieron nueve mujeres entre los años 2013 y 2019 en manos de un hombre, exaltado como una figura canónica del cine nacional y aparentemente intocable. En el contexto de la publicación se lograron algunas victorias: se relataron las historias para que las mujeres no tuvieran que cargar solas con el peso del silencio, que es una de las consecuencias más dañinas de las VBG; las mujeres tuvieron el control de sus propias narrativas y se usaron códigos éticos feministas por lo que no hubo revictimización; se alertó al país para que hubiera prevención de estos casos; y finalmente, la rigurosidad de la investigación y la amplia difusión tuvo un impacto en la cultura audiovisual de Colombia. 

Luego del reportaje, colectivos audiovisuales como @RecSisters se pronunciaron al respecto y promovieron acuerdos básicos a tener en cuenta dentro de la industria audiovisual para generar espacios laborales seguros. Nosotras no tenemos miedo a decir que nuestro periodismo tiene una agenda y es la de los derechos humanos, la consecución de los derechos de las mujeres y de las minorías, entonces ver que nuestras historias sí dieron la oportunidad de que hubiera un cambio real, eso fue muy emocionante y la confirmación de que el periodismo sí es una herramienta que podemos poner al alcance de las mujeres que han sido víctimas de violencia. Matilde de los Milagros, LoDigitalTransforma 2020. 

Claro, y a la par que la denuncia se publicó, a Volcanicas le interpusieron una demanda civil, una denuncia penal, y dos tutelas, como un intento de silenciar el hecho. Una respuesta habitual cuando las mujeres deciden alzar su voz. 

Evidentemente han habido algunos avances y el periodismo feminista es cada vez más visible, se hace escuchar, irrumpe, suma espacios, pero todavía genera ruido y no es tomado en serio por un sector importante de los medios de comunicación. 

¿Qué queda por hacer?  juntarnos y rodearnos con mujeres, explorar el camino propio siempre teniendo en cuenta que podemos hacer una lectura feminista de los hechos que se quieren cubrir, eso siempre es posible. Nos han hecho creer que el periodismo feminista solo habla de unos temitas de mujeres y que el aborto y la violencia de género, pero en realidad todo tiene visión feminista, o sea, todo puede ser visto desde una óptica feminista y ser cubierto desde allí. Yo planteo al periodismo feminista como una metodología, como un sello de calidad, Nathalia Guerrero, directora editorial de Manifiesta Media en entrevista con sincomillas.co 

En el siglo XXI el auge de las luchas feministas ha traído consigo una nueva manera de hacer y decir, de incomodar. El periodismo feminista se ha convertido en un medio de emancipación ante la violencia patriarcal y acompaña cuando la justicia nos da la espalda, cuando todo lo demás falla. 

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